Práctica de movimiento y quietud en el bosque

Movimiento y quietud: así son las sesiones grupales

August 03, 202611 min read

Movimiento y quietud

Así son las sesiones grupales de Un paseo por el bosque


Hola, espero que estés bien y que te puedas tomar un ratito para leer al ritmo que tus ojos y tu mente-cuerpo necesiten.

Si vas a leer rápido, en diagonal y con la mente en otro lugar... igual es mejor que tu cuerpo vaya también a ese otro lugar y que leas esto en otro momento 😜

Hoy me apetecía escribir sobre mi manera de hacer lo que hago, de ofrecer lo que ofrezco y, en definitiva, de estar al servicio de las personas que llegáis a este espacio.

Por ponerlo en una palabra que, en realidad no me encanta, esta publicación trata de describir la que a día de hoy es la metodología de 1PXB.

Digo a día de hoy... porque esto es algo que irá cambiando y evolucionando conmigo.

Y para hacerlo, creo que tengo que contarte cómo he llegado hasta aquí.
Ponte cómoda/o, porque lo de "la metodología" viene después de una larga historia...

De neurocientífica a yogi

Hace casi 10 años que conocí el yoga. Lo conocí mientras hacía la tesis doctoral en neurociencia.

Yo, que había elegido la vía académica ya que pensaba que ahí (y solo ahí...) estarían todas las respuestas a las preguntas que recorrían mi mente, me encontré de repente en una sala que apestaba a incienso, llena de banderines de colores, de figuras de dioses de "otras religiones" y más roja que una manzana recitando el "OOOOOMMMMMMMM" con el resto de personas que estaban en clase.

¡Qué vergüenza pasé la primera vez que fui a clase de yoga!

Recuerdo (con mucho humor) algunos de los pensamientos que me acompañaron:

¿Por qué habla así la profesora? Tan amable, tan blandita....

¿Por qué hay que cerrar los ojos? A mí es que lo de no ver a los demás, no me gusta... me siento más cómoda controlándolo todo...

¿En serio hace falta hablar en otro idioma? ¿No puede simplemente decirnos que hagamos una flexión o que estiremos las piernas?

¿¿¿Chakras??? ¿¿¿En serio??? Pfff....esto no llega ni a la categoría de pseudociencia...

Lo confieso... durante mucho tiempo hice playback cada vez que había que recitar un mantra.

Y lo confieso también: eso de ponerme bizca y mirar a mi propio entrecejo nunca fue conmigo.

Supongo que mi entrada en el yoga fue similar a la de tantas otras personas en esta parte del mundo (si es así, me encantaría leerlo y reírme un rato).

Con el tiempo he entendido algo muy sencillo pero que en su día nadie me explicó: el yoga no es una disciplina física.

NO ES UN DEPORTE NI UNA TÉCNICA.

El yoga es una filosofía muuuuy compleja y muuuuuy antigua que nace, además, en la otra punta del mundo.

Tiene su propia simbología, sus propios textos, sus propias vertientes y maestros, se desarrolló en otro idioma y en otra cultura hace miles de años y personalmente opino que su lugar ideal no son los gimnasios (por mucho que el profe o la profe esté muy formado y entregado a la causa).

Y como podrás imaginar de todo esto, el yoga es infinitamente más que llevar al cuerpo a posturas imposibles.

Pero es que precisamente en esto somos especialistas en occidente: tomamos conceptos profundos, con sus ritmos y sus complejidades y los aplanamos, los aceleramos y los metodologizamos (palabra inventada pero ya me entiendes...).

En el caso del yoga, hemos llegado a convertir una filosofía milenaria en una técnica para adelgazar, dormir mejor o ser más productivos/as.

Yo empecé a practicar yoga porque quería hacer el pino y posturas "imposibles". Así de simple y de occidental 😅
Accedí a esas prácticas a través del escaparate de las redes sociales y enseguida me quedé prendada de ellas.

Estaba convencida de que el yoga era una práctica física similar a la gimnasia deportiva pero con una vertiente un poquito más espiritual. Eso es todo.

Y así estuve un par de años, hasta que la práctica me llevó a ir vislumbrando que el yoga no es una práctica física con toques espirituales.

El yoga es una filosofía de vida para acercarnos humildemente a esa totalidad inabarcable de la vida y que fenomenológicamente hablando percibimos desde eso a lo que llamamos "yo".

A día de hoy puedo afirmar que he aprendido más sobre la mente y lo que implica ser humanos a través de la práctica que desde el mundo académico.

La primera imagen que subí a mis redes "haciendo yoga"
Esta es la primera imagen que compartí en mis redes "haciendo yoga". Con los pies hacia el cielo, empecé a decirle al mundo que algo nuevo había invadido por completo mi vida.

Doble bicho raro

Durante unos años, me sentí un bicho raro por partida doble.

En el laboratorio (con la bata y los ojos fijos en el microscopio) me encontraba rodeada de personas maravillosas pero científicas y escépticas que me preguntaban por eso del yoga con cierto desprecio. Constantemente escuchaba comentarios invalidando esas prácticas o los posibles descubrimientos (personales) que se derivasen de ellas bajo el eslogan de "eso no lo ha demostrado la ciencia...".
Yo lo veía como si estuviesen criticando unos dioses pero venerando a otro que tiene un idioma concreto llamado método científico...

Y por otro lado, en el ámbito más yogi, tampoco se quedaban cortos hablando del mundo científico y aportando argumentos de muuuuy baja credibilidad para defender lo indefendible sobre algunas cuestiones filosóficas o espirituales.

Y allí estaba yo, entre dos aguas. Surfeando lo que parecían dos mundos completamente distintos, tratando de llevarme lo mejor de ambos y de no naufragar en el intento.

La mañana en la que defendí la tesis, como casi cada día, amanecí y practiqué yoga en ayunas, medité y di las gracias.
Suerte que la comunidad científica no se enteró de esto y tuvieron a bien ponerme el gorrito del cum laude.

¿Qué es "lo mío"?

Vivir con esa dualidad, aunque ahora lo cuento con humor, no fue sencillo.

Por ejemplo, en pandemia, monté una escuelita online de yoga mientras escribía la tesis y estaba en paro (porque sí, la investigación es así de estable... jeje) y tuvo bastante éxito.

Pero llegado el momento de decidir, la presión social me dijo algo como "Pero vas a buscarte un trabajo de verdad, ¿no? De lo tuyo...".

Podría haber profesionalizado aquella escuelita y probablemente me habría ido bien. Entonces era algo muy nuevo y podría haberlo compaginado con sesiones presenciales cuando nos des-confinaran.

Pero me pudo la presión y eso de "un trabajo de verdad, de lo mío...".
Como si, de alguna manera, ser doctora en neurociencias y dedicarme al yoga fuese una gran incongruencia.

Así que, al menos, tomé la decisión de dejar Madrid e irme a vivir al paraíso del norte, en plena naturaleza.

Foto haciendo el pino en Cantabria
Una vez más, con los pies hacia el cielo, le dije al mundo que me mudaba al paraíso.

Trabajé durante 5 años en una empresa de diagnóstico molecular. Un ámbito en el que no había trabajado nunca pero que, al parecer, era más de lo mío porque buscaban perfiles biosanitarios...

Por suerte, mis niveles de estrés fueron subiendo conforme me daba cuenta de que estaba dedicando mi día a día a algo que no me llenaba en absoluto y allá por 2022 conocí el MBSR.

Mindfulness Based Stress Reduction (Reducción del Estrés Basada en Mindfulness).

¿Cómooooo? ¿Qué hay una práctica milenaria que la ciencia se ha dignado a mirar?

Pues sí, resultaba que de unos años a esta parte la ciencia se había dignado a llevar las prácticas de mindfulness al laboratorio.

Y para sorpresa de nadie, se encontraron múltiples beneficios para la salud así como cambios en los cerebros de las personas que lo practican con asiduidad.

El mindfulness fue, para mí, el puente que me permitió unir ciencia y tradición.

Teoría y práctica.

Academia y escuela.


Empecé a meditar más y hacer menos el pino

Si tuviese que decir qué es "lo mío" a día de hoy, diría que es compartir aquello que aprendo y que me sirve para vivir un poquito mejor o para resolver un potencial problema.
También me encanta aprender, poner luz en rincones que hasta el momento descansaban en la vibrante oscuridad del no saber.

Además, me gusta masticar el conocimiento teórico y denso y devolverlo sencillo, simple, entendible...

Algo que me han dicho mucho es "Mamen, haces fácil lo difícil".

Y sí, supongo que algo de mi esencia va por ahí: me encanta la complejidad y disfruto mucho desgranándola hasta hacerla sencilla.

Y es por ello que decidí formarme en mindfulness para poder compartir esas prácticas que tanto me habían ayudado con rigor y conocimiento.

Y la formación en mindfulness, más allá de los cursos, consiste en practicar.

Practicar con ganas y sin ellas. Practicar con sueño, con energía, con inquietud, con tristeza...

Mindfulness, como el yoga, tampoco es una técnica. Para mí, es una forma de estar en el mundo.

Una forma de ser. De existir.

Con atención y apertura.

Así que mi formación en mindfulness pasó también por sumar minutos de práctica formal. Minutos que se tornaron en horas y en días sentada en el cojín.

A veces digo que cambié el pino por la meditación.

Pero sigo haciendo y disfrutando mucho el pino. Es solo que ahora lo hago con otra intención y una actitud diferente.

Grupo de personas meditando en el bosque
Conseguí compartir aquello que tanto me apasiona, en lugares tan bellos como Chillida Leku y, lo más importante, a mi manera.

Y nació movimiento y quietud

Lo prometido es deuda y en esta entrada yo te iba a contar la filosofía detrás de esa "metodología" que comparto en las sesiones de Un paseo por el bosque.

Y en realidad, creo que sabiendo de dónde vengo y el camino que he recorrido, te puedes hacer una idea de por dónde van los tiros.

Básicamente, en lugar de tener que elegir y "posicionarme" en alguna de las orillas, con el tiempo he comprendido que tengo la suerte de habitar un lugar privilegiado.

Un lugar que me permite mezclar ciencia con práctica y tradición.

A veces digo (también en tono de humor) que aquello que hizo Descartes de separarnos podía tener buena intención pero ha generado mucho desconcierto...

Que si el cuerpo por un lado, la mente por otro, el alma por otro....

A mí me parece más sencillo asumir que la experiencia humana ocurre encarnada. En-carnada. En-un-cuerpo.

Así que aunque metafísicamente sea posible la separación, para mí el cuerpo y la mente se experimentan juntos y así es como los trato.

Y es por ello que propongo cultivar la atención y el cuidado a ese todo que somos desde el movimiento y desde la quietud.

Movimiento como parte esencial e inherente a la vida pero también como forma de activar, cuidar y regular el organismo.
Y quietud porque a día de hoy el silencio y la pausa son casi un acto revolucionario y, sin embargo, son una gran vía de acceso a la auto-indagación y una forma de cuidarnos también desde la seguridad, la relajación y la atención.

Y todo ello enmarcado dentro del contexto de la formación psicoeducativa.
A veces complemento la práctica con alguna pildorita teórica, propongo algún ejercicio escrito o compartido e incluso os invitaré a leer algún libro o hacer alguna práctica informal en vuestro día a día.

Grupo de personas meditando en el bosque
Movimiento y quietud en el bosque (verano 2026)

Lo llamé movimiento y quietud porque me pareció lo más sencillo.

Y llevo compartiéndolo de manera online cada lunes desde hace ya dos años.

Muy pronto empezaré a compartirlo también en Donosti de manera presencial (según cuándo leas esto quizás ya hemos empezado jeje).

Por eso, quería terminar explicando brevemente las 4 tipologías de sesión que componen ese concepto de movimiento y quietud:

  • Relajación: serán sesiones en las que la invitación principal será buscar la comodidad, tumbarte, arroparte si lo necesitas, y dejarte llevar a través de la guía. A veces usaré música, a veces no. A veces me apoyaré en instrumentos, otras veces no. A veces te dormirás o se dormirá algún compañero/a, otras veces no...
    Cuando acumulamos cansancio, el cuerpo aprovecha cualquier momento de seguridad y relajación para dormir, así que bienvenidas sean esas siestas si ocurren.

  • Meditación: aquí, aunque puede que te relajes, la intención será cultivar una mente despierta. Una mente que se da cuenta y que va, poquito a poco, aprendiendo a detectar dónde está la atención. Haremos sobre todo prácticas de meditación mindfulness (atención plena) pero también habrá otras meditaciones y prácticas, como la gratitud, las prácticas de amabilidad, de compasión y autocompasión...

  • Yoga y respiración: siendo puristas, aquí vamos a practicar principalmente dos de los pasos del yoga. Asana (posturas físicas) y pranayama (movilización de la energía, normalmente a través de la respiración). Serán sesiones de trabajo corporal suave y distintos ejercicios respiratorios que nos ayudan a conocernos y cuidarnos, pero también, desde una perspectiva más fisiológica, a regular el organismo a través del movimiento y la respiración.

  • Activación y movilidad: se puede activar el cuerpo, entrar en calor y sudar manteniendo una actitud de atención plena. Y eso es lo que propongo con esta tipología de sesión: activar el cuerpo a través de prácticas basadas en yoga un poquito más "cañeras" o exigentes físicamente.
    Siempre adaptables a cualquier condición física, estas sesiones serán un poco más retadoras para el cuerpo y supondrán una excelente fuente de eustrés (estrés positivo) para el organismo.

Y con esto, te doy la bienvenida a mi pequeño universo.

Espero de corazón que se haya entendido y que te apetezca venir a probarlo.

Si te surge cualquier duda o quieres hablar, escríbeme a [email protected] y buscamos un hueco.

Nos vemos/leemos/hablamos pronto.

Mamen

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