Exhalación vital

Exhalación vital

July 19, 20268 min read

Exhalación vital

Pinceladas de un proceso de búsqueda de la creatividad perdida.


Hola, espero que estés bien.

Como dije al presentar este espacio, se trata de una mezcla un tanto extraña entre un diario y un cuaderno de laboratorio.

Y en esta entrada quiero tratar un tema que me ha tenido un poco incómoda en los últimos meses y que, probablemente, te llegue a ti en más de un momento a lo largo de la vida.

Hace unas semanas, escribía esto en el diario de mi mano izquierda:

Inspiración, ¿Dónde estás?
Inspiración, ¿Dónde estás?

Todavía no he hablado mucho sobre el proceso de escribir con la mano izquierda, pero desde que empecé siento que se conecta con una parte de mí distinta (con respecto a la derecha).

A veces me digo que la derecha escribe lo que "yo" (mi mente racional) quiere, mientras que la izquierda va por libre y a veces plasma en el papel cosas que esa mente racional no tiene tan controladas.

En este caso, al escribir "
Inspiración, ¿Dónde estás?" fui consciente de que llevaba unos meses con una especie de bloqueo creativo.

Y esa pregunta me acompañó durante días.

Nunca me consideré artista y, sin embargo, aquí estaba yo, invocando a mi inspiración.
(Aunque ojo, que divulgar sobre la mente humana y nuestro funcionamiento es un auténtico arte...).

Aquel día seguí escribiendo en mi diario algo como:

"No me extraña que se use la misma palabra para tener capacidad creativa que para el gesto de coger aire". (me refería a inspiración, claro).

Y, siguiendo el paralelismo, llegué al concepto de "estar en una exhalación vital".


¿Te has dado cuenta alguna vez de cómo fluctúa tu capacidad creativa?

Abro aquí un paréntesis para decirte que, sea lo que sea a lo que dediques tu día a día, eres un ser creativo. Los seres humanos tenemos una maravillosa capacidad de crear que no solo tiene que ver con el arte.

En mi caso, creo que nunca había sido tan consciente porque nunca había tenido que estrujarme tanto el coco para dar con propuestas y charlas originales.

Los últimos 6 meses han estado llenos de nuevos retos personales y profesionales y supongo que llegó un momento en el que de tanto dar, de danto sacar y de tanto exhalar, me quedé sin aire.

Sin aire.

Sin ideas.

Y quizás sin la fuerza vital desde la que hasta entonces habían nacido.

Procrastinación, presentaciones preparadas pocas horas antes de la sesión y una constante sensación de no estar dando el 100% de mí misma y, sin embargo, no encontrar la forma de darlo.


Si alguna vez te ha pasado, supongo que conoces esa sensación tan incómoda de frustración y agobio cuando sabes que necesitas ideas pero estas no vienen.

Como si ese lugar desde el que nacen se hubiese quedado vacío.

Seco.

En barbecho.

Aquí estoy yo, dando lo mejor de mí en un encuentro precioso en los bosques de Galicia
Aquí estoy yo, dando lo mejor de mí en un encuentro precioso en los bosques de Galicia

La creatividad, como la respiración, va por fases.

Al menos, esto es lo que me digo a mí misma y lo que he ido aprendiendo a lo largo de los años.

Y, curiosamente, como con la respiración,
más esfuerzo no siempre beneficia, sino que a veces entorpece aún más el proceso.

A mí suele ocurrirme cuando hago prácticas de respiración. A veces quiero alargar más la duración de la exhalación o quiero retener el aire durante más tiempo y me esfuerzo demasiado.

Y ese esfuerzo tensa mis músculos, activa la respuesta de alarma en mi cuerpo y (para sorpresa de nadie) hace más difícil eso que estaba intentando hacer.


Es increíble cuánto puede enseñarnos la respiración si la observamos atentamente.

Atentamente y con una mirada concreta: la de la curiosidad y el asombro.

En una respiración profunda, la exhalación es activa. Contraemos los músculos del abdomen para soltar más aire (como estrujando un poco más los pulmones para escurrir el aire que queda).

Y, cuando dejamos de hacer ese esfuerzo, como por arte de magia, surge la inspiración. Los músculos se relajan y el aire vuelve a entrar por sí solo.

Te animo a probarlo ahora mismo si quieres: coge aire y, al soltarlo, exprime y aprieta el abdomen un poquito más, como si pudieras sacar ese aire residual que queda en tus pulmones. Luego relaja y siente cómo la inspiración surge sola.

Esto nos da (o al menos a mí me da) una información que puede llegar a ser relevante: no es necesario salir a buscar la inspiración. Basta con dejar espacio para que pueda darse.


Cuando asumí que estaba en una exhalación vital y comprendí que es algo natural y que forma parte de esto de ser humana, pude ver, también, todo lo bueno que tiene ese instante en el que a penas queda aire en los pulmones.

La pausa postexhalatoria puede ser un momento mágico si te permites descansar en ella.

Mi mano izquierda lo entendió también:

Ver el fondo de los pulmones y del alma y luego volver a empezar.
Ver el fondo de los pulmones y del alma y luego volver a empezar.

Entendí que llevar meses entregando casi todo de mí, tenía la ventaja de que me había vaciado por completo.

Y, aunque durante un tiempo viví ese vacío con cierta angustia, poco a poco empecé a preguntarme si no sería precisamente ahí donde había espacio para algo nuevo.

Si alguna vez has vaciado el armario, supongo que sabes la paz que da poder ordenar y filtrar aquello que vuelves a meter dentro. Además, permite limpiar y sacar todas esas pelusas milenarias que habitan los rincones más oscuros...

A mí, desde hace un tiempo, me enriquece mucho bucear por mis profundidades. Lo hago desde la compasión y la amabilidad y con la única intención de acompañarme y traer (si es posible) más paz a mi día a día.

Y esta exhalación vital ha sido un buen momento para hacerlo.

Para descansar en la pausa.

En el vacío.

Incluso, diría, en la incomodidad.

Aprovechando el espacio que deja el vacío para mirar, y ver.

Por ejemplo, gracias a esta exhalación vital me he dado cuenta de que, por ahora, no caben más artículos científicos en mi cabeza.
Ahora me apetece leer filosofía y pensar en el ser humano y sus grandes incógnitas y no en sus células o receptores de membrana.


Por eso, no me parece casualidad que en este momento de exhalación vital, haya caído en mis manos ese librito titulado Sobre Dios y en el que Byung-Chul Han desgrana, de una forma poética y sencilla, algunos fragmentos del pensamiento de Simone Weil.

Hubo muchas ideas que resonaron fuerte dentro de mí, pero una en concreto que fue directa a ese espacio que había dejado mi exhalación vital:

resulta que Simone Weil hace una distinción muy bonita entre crear y producir.
Asocia la primera a la conexión con lo divino (sea esto lo que sea para ti) y, la segunda, a la identificación con lo humano (el ego, el yo, lo que quieras llamarlo...).

Así, y en línea también con el pensamiento de Chillida, lo producido nace ya muerto, sin esencia, sin vida. Nace de la mente que ya conoce lo que hay y simplemente lo reordena y lo presenta.

Lo creado, sin embargo, tiene que ver con la conexión con el instante presente, con lo divino, con algo más allá de la razón. Y por eso la obra creada (ya sea un libro, un artículo o una escultura) es algo vivo y nuevo incluso para quien lo está creando.

Mientras leía aquello tuve la sensación de que estaba poniendo palabras a algo que yo llevaba semanas sintiendo sin saber nombrar.

Ahora bien, incluso quienes nos dedicamos a trabajos creativos vivimos rodeados de plazos, entregas y agendas llenas de rectángulos de colores que indican que ese espacio de tiempo está ocupado.

Y me surgieron más preguntas:

¿Cuánto de lo que hago nace realmente de un impulso creativo?

¿Y cuánto nace simplemente de la necesidad de producir?

Y en mi búsqueda activa y forzosa de la inspiración, me fui dando cuenta de que, en realidad, lo que echaba de menos era ese espacio en el que la inspiración puede aparecer.

La pausa entre soltar y que el aire pueda, por sí solo, volver a entrar.


No sé si la inspiración ha vuelto. Quizá nunca se había ido.

Pero mientras escribo estas líneas y las palabras fluyen, siento que empieza a haber espacio para escucharla otra vez.

Creo que ayuda mucho estar diciendo que no a nuevas propuestas y tomar una pausa real para volver a conectar con eso que me acerca a lo divino de Simone Weil.

Silencio, naturaleza, movimiento, comida nutritiva, tiempo disponible, agenda vacía...

Todas ellas con algo en común: no me exigen producir.

Al final, el cuerpo acaba pidiendo lo que necesita.

Descansar.

Resetear.

Exhalamos durante temporadas largas y nos quedamos sin aire.

Nos agotamos y necesitamos parar.

Y, en realidad, mi mano izquierda ya lo sabía:

Sé que la inspiración va y viene.
Sé que la inspiración va y viene.

Así que, para cerrar, he elegido estas palabras de La escuela del alma, de Josep María Esquirol, que ya lo dicen todo:

El reposo es el aliado indispensable de la atención y constituye, sin lugar a duda, una práctica espiritual. Conviene saber reposar. Quizá hoy más que nunca, porque el contexto en el que vivimosacelerado, saturado y ruidosolo dificulta cada vez más. Hay un tiempo para actuar y otro para reposar, y es como si el reposo del alma se hiciera en sintonía con el reposo del mundo. El tiempo del reposo es fecundo: en su seno se gesta.



Está siendo maravilloso volver a escribir.

Y es maravilloso seguir descubriendo, cada día, cómo la vida es ritmo y cómo el arte de vivir tiene que ver, precisamente, con bailar a su compás.

Gracias por estar al otro lado.

Nos vemos/leemos/hablamos pronto.

Mamen

Back to Blog