
Así empezó este diario
Así empezó este diario
Hola, soy Mamen, la persona detrás de este proyecto y de este diario.
Antes de nada quiero decirte que el diario de mi mano izquierda hasta ahora era (y seguirá siendo) un libro físico, real, tangible, que empecé a escribir hace ya tres años.
Técnicamente más que un libro, es un diario. Y no es uno, sino que ya son tres.
Tres cuadernos en blanco que he ido rellenando con mis ideas, usando un bolígrafo y mi mano izquierda.
Tres años después, he decidido traerlo a la virtualidad en forma de blog.
¿Y por qué ahora?
Bueno, siendo totalmente sincera, más de una persona cercana y con mucho cariño me ha dicho que mis emails son "demasiado largos".
Aceptando y agradeciendo el feedback y reafirmándome en mis cada vez menos ganas de tener que agradar a algoritmos ni ser marketinianamente correcta, he abierto este espacio para quedarme a gusto escribiendo divagando y yéndome por las ramas de todos esos temas que tanto me apasionan.
Te doy la bienvenida a este espacio y a esta primera entrada en la que no podía hacer otra cosa más que poner contexto a su nombre.

Una diestra entre zurdas
Aproximadamente el 90% de la población es diestra mientras que solo el 10% es zurda.
Además, la zurdera (sí, así se llama...) es más frecuente en hombres (un 13%) que en mujeres (un 9%).
Soy la mayor de 3 hermanas y resulta que soy la única diestra.
Mis dos hermanas escriben con la mano izquierda.
La probabilidad de que esto ocurriese es solo del 2,21%.
Es decir, si quisieras asegurarte de tener dos hijas zurdas, tendrías que tener por lo menos 20 o 25 hijas y, aún así, no estaría garantizado del todo.
Mis padres con 3 hijas, tuvieron 2 zurdas.
Y no, este artículo no va sobre la herencia genética o la lateralidad. De hecho, esas son todas las cifras y datos que voy a aportar.
Pero quería poner de manifiesto algo de lo que no fui consciente hasta que me rompí la mano derecha: llevaba toda la vida viendo a mis hermanas hacer las cosas "con la otra mano".
Y ser la "rara" siendo diestra, es bastante poco frecuente.
Cuando mi cuerpo dijo basta
Este diario existe porque en verano de 2023 me rompí la mano derecha.
Pero aislar el hecho de que me rompí la mano sería contar una historia demasiado reduccionista sobre por qué existen este diario y este proyecto (me refiero a Un paseo por el bosque).
Digamos que el día en el que me rompí la mano algo dentro de mí sintió mucho alivio.
Me dieron una baja laboral y eso me hizo sentir paz.
Lejos de estar preocupada, triste o enfadada por el hecho de que mi vida se había paralizado y de que me iba a pasar bastantes meses sin poder hacer algunas de las cosas que más me gustaban por aquel entonces, sentí paz.
Ahora, con perspectiva, entiendo que para muchas personas, tener que estar un mes de baja a cambio de romperse un hueso, sería una propuesta bastante jugosa...
También pienso que ojalá esto no tuviese que ser así, y que todos viviésemos felices y dedicándonos a nuestro propósito.
Yo, por aquel entonces, vivía altamente estresada. Tanto que romperme una mano y tener que parar supuso un alivio.
Y no estaba estresada por carga de trabajo o por horarios exigentes, sino por algo que a veces pasa mucho más desapercibido: mi brújula vital apuntaba en una dirección y cada día me levantaba para dirigirme a otra completamente distinta.
Y mi cuerpo y mi mente llevaban mucho tiempo queriendo decírmelo pero yo vivía en modo túnel, sin querer o poder verlo.
No me culpo en absoluto, no tenía recursos para hacerlo.
Así que vivía como podía, con tembleques en los ojos, dermatitis en la piel y una sonrisa enorme que le decía a todo el mundo "estoy bien".
No sé en qué momento de mi vida aprendí cosas como que
hay que tener actitud ante la vida
hay que tener capacidad de aguante
hay que ver el lado bueno de las cosas
a veces hay que hacer cosas que no nos gustan
y un largo etcétera de eslóganes que flotan por el aire de eso a lo que llamamos cultura o sociedad de la productividad, pero los tenía tan arraigados que llevaba demasiado tiempo intentando silenciar una alta sensibilidad que estaba haciendo sonar todo tipo de alarmas en mi cuerpo pero que, presa de todo aquello, mi mente se negaba a mirar.
Y no por no querer, insisto, sino porque ver todo aquello me situaría, directamente, ante la gran pregunta: ¿Y ahora qué?
Así que era mejor seguir para adelante, cual caballo con sus ojitos tapados.
Pa´lante.
Y el primer día que me desperté por la mañana con mi escayola en la mano y tardé aproximadamente 20 minutos en prepararme un café, todas esas señales se me vinieron encima.

Decidí ver oportunidades en lugar de problemas
Una vez asentado un poco el desajuste que supuso tener la mano derecha inutilizada, algo en mí hizo clic.
De verdad que me siento muy lejos de considerarme una heroína, pero la Mamen de hoy está tremendamente orgullosa de la Mamen que, en aquel momento, agarró un bolígrafo y un papel y decidió ver oportunidades en lugar de problemas.

Y tal cual lo escribí, ocurrió.
La zurdera de mis hermanas de repente cobró sentido más de 20 años después.
Todas esas veces en las que yo las miraba y no entendía por qué hacían las cosas del revés, esas tijeras que no podíamos compartir, los cubiertos en la mesa colocados sin ningún sentido o las miles de veces en las que habré pensado "eso se hace con la otra mano..."... todo eso, de repente fue el pilar sobre el que me apoyé para recuperarme.
Recuperarme no solo de la mano. Eso era lo de menos.
Para recuperarme a mí.
ApreHendí mucho sobre el estrés
Ayyy.... si todo lo que estudiamos sirviese de algo...
Ojo, que no quiero decir que no sirva. Pero las ideas y el conocimiento puramente intelectual sobre algo sirven de bien poco si no nos atrevemos a vivirlo y experimentarlo.
Siempre he tenido un gusto especial por la teoría. Me encanta aprender cosas y explicarlas. Y ha sido así, realmente, desde que tengo uso de razón.
Ahora bien... con esa mano escayolada entendí que no es lo mismo aprender que memorizar.
Tampoco aprender y comprender son lo mismo.
De hecho, lo que hice en esta época fue, precisamente, descubrir cuánto hay oculto en el silencio de la H que distingue el verbo aprender de apreHender.
Esa H de aprehender implica una comprensión profunda y personal de las cosas. Implica integrar. Encarnar aquello que se aprende.
Y yo había leído y estudiado mucho sobre el estrés, sobre el sistema nervioso (soy doctora en neurociencia, es obvio que mucho había leído al respecto), pero no tenía ni idea de cómo se siente un cuerpo en modo supervivencia.
De cómo se siente un sistema nervioso simpático crónicamente activado ni un cuerpo en el que la calma no aparece ni a la hora de dormir.
Empecé a pasear
Con la mano derecha inutilizada, no podía hacer gran cosa.
Incluso escribir un email en el ordenador me llevaba mucho más tiempo del habitual.
Así que con esa actitud resiliente que se apoderó de mí sin yo saber muy bien de dónde venía, empecé a pasear.
Me hacía cada día unos 12-15 kms. Iba a la playa y, sobre todo, al bosque.
Por primera vez en mi vida me cargué de una paciencia infinita, creo que muy ayudada por el hecho de empezar a escribir con la mano izquierda.
Era un proceso lento y frustrante pero, a la vez, algo en mi mente decía: con una perspectiva temporal infinita, todo se puede.
Me di cuenta de que habitualmente vivía con prisa.
De que hacía todo lo más rápido posible. Como para quitármelo de encima y pasar a la siguiente cosa que hacer.
Y de esa pausa impuesta por las circunstancias, mi sistema nervioso empezó a entrar en modo pausa también.
La naturaleza, los paseos, la ausencia de prisa, las meditaciones que empecé a incorporar cada mañana y la actitud con la que afronté la situación resultaron ser un buen cóctel para devolverle el equilibrio a mi cuerpo.
Y nació Un paseo por el bosque
Mientras iba intentando plasmar en mi diario (con la mano izquierda) los aprendizajes más relevantes de esos días volví a conectar con mis ganas de compartir.
Bueno, supongo que lo que volví fue a conectar con las cosas que me ayudaban a sentirme bien y en equilibrio: la meditación, el movimiento consciente, la naturaleza, los paseos, los espacios de "no hacer".
Y sí, volvieron las ganas de querer ponerlo (ponerme) al servicio del mundo.
Y de mi mano izquierda nació Un paseo por el bosque.

En aquel momento no sabía que hay una película titulada así ni que a la gente le costaría escribirlo y encontrarme en Google. Pero es que todo eso me da igual.
Yo conecté con la idea de que, a través de algunas herramientas y prácticas, se podrían lograr momentos en nuestro día a día en los que nos sintamos igual que cuando damos un paseo por el bosque.
Y desde ese día hasta hoy han pasado muchas cosas, muchas personas y hemos vivido muchas experiencias en este bosque.
Si has llegado hasta aquí, gracias de corazón.
Nos vemos/leemos/hablamos pronto.
Mamen
